La tecnología láser se ha convertido en parte esencial de numerosos tratamientos orientados a cuidar y mejorar la estética de la piel. Por su precisión, bajo riesgo y carácter mínimamente invasivo, este procedimiento recibe una intensa demanda entre los pacientes con cicatrices, tatuajes indeseados o signos de la edad, como se descubre al consultar a un dermatólogo especialista en tratamientos cara Vigo y otros municipios.
El láser dermatológico se define como una herramienta terapéutica que utiliza luz concentrada de alta intensidad para interactuar con la piel. Dependiendo de la longitud de onda, los láseres actúan como bioestimuladores de la melanina o para destruir la hemoglobina de forma selectiva.
En concreto, el láser se emplea en dermatología estética para suavizar arrugas y líneas de expresión, eliminar léntigos o estimular la producción de elastina y colágeno en la piel. De ahí que las terapias antiaging empleen tecnología láser con fines regenerativos.
La depilación médica también se sirve del láser diodo para suprimir el vello de modo permanente. Por su parte, el denominado láser de picosegundos se ha revelado como una solución eficaz para el borrado de tatuajes. Las tintas negras y de color pueden eliminarse con menos dolor y malestar que, por ejemplo, la dermoabrasión o la escisión quirúrgica.
¿Malestar personal y social por la presencia de cicatrices a la vista? Ciertos láseres (Fraxel, de CO2, etc.) pueden suavizar o corregir las lesiones cicatriciales que son resultado de quemaduras, heridas, intervenciones quirúrgicas o marcas de acné.
Con diferencia, su utilidad más apreciada es el tratamiento de tumores benignos, la rosácea, el vitíligo, la psoriasis y otras patologías de la piel. Aquí sobresalen la terapia fotodinámica o la cirugía de Mohs gracias a su rápida cicatrización, escaso riesgo de infección o reducción de las secuelas físicas. No hay duda de que esta tecnología supone un salto adelante en el ámbito dermatológico.